lunes, 2 de febrero de 2015

PIHKAL- Introducción

PIHKAL
(Autores: Alexander y Ann Shulgin – Traductor al español: J. C. Ruiz Franco)


 INTRODUCCIÓN


La filosofía subyacente a la redacción de PIHKAL
Soy farmacólogo y químico. He pasado la mayor parte de mi vida adulta investigando la acción de las drogas; cómo se descubren, qué son, qué hacen, de qué forma pueden ser útiles (o perjudiciales). Pero mis intereses se apartan un poco de la corriente convencional de la farmacología y se mueven en un ámbito que considero mucho más fascinante y gratificante, el de las drogas psiquedélicas. La mejor forma de definir las sustancias psiquedélicas podría ser como unos compuestos no adictivos físicamente que modifican temporalmente el estado de nuestra consciencia.
La opinión más común en este país es que hay drogas que son legales y que, o bien son relativamente seguras o al menos tienen riesgos aceptables; y que hay otras drogas que son ilegales y que no disponen de ninguna aplicación legítima en nuestra sociedad, en modo alguno. Aunque esta opinión es ampliamente aceptada y se difunde con gran fuerza, sinceramente creo que es errónea. Se trata de un esfuerzo por mostrar las cosas de color blanco o negro, cuando en realidad, en este ámbito, como sucede en la mayor parte de la vida real, la verdad es de color gris.
Ruego al lector que me deje explicar las razones de esta tesis mía.
Toda droga, legal o ilegal, proporciona algún tipo de recompensa. Todas las drogas incluyen algún riesgo. Y todas las drogas pueden ser objeto de abuso. En mi opinión, en última instancia, corresponde a cada uno de nosotros sopesar los beneficios, por un lado, y los riesgos, por otro, y decidir qué lado de la balanza pesa más. El conjunto de las recompensas cubre un amplio espectro. Incluyen cosas como la curación de las enfermedades, el alivio del dolor físico o emocional, la embriaguez y la relajación. Ciertas drogas –las conocidas como sustancias psiquedélicas– permiten un mejor conocimiento personal, además de la expansión de los horizontes mentales y emocionales de la persona.
Los riesgos son igualmente variados, y van desde el daño fisiológico hasta los trastornos psicológicos, la dependencia y el incumplimiento de las leyes sociales. Del mismo modo que existen diferentes tipos de recompensa para distintas personas, existen también diversas clases de riesgos. Una persona adulta debe tomar sus propias decisiones en lo relativo a exponerse, o no, a una droga específica, independientemente de que esté disponible con receta médica o de que esté prohibida por la ley, evaluando los posibles beneficios e inconvenientes a partir de sus propios recursos y valores morales. Y es precisamente debido a esto por lo que estar bien informado desempeña una función indispensable. Mi filosofía puede resumirse en tan sólo cuatro palabras: “Infórmate y después elige”.
Yo, personalmente, he decidido que algunas drogas tienen un valor suficiente como para que tomarlas compense sus riesgos; a otras, en cambio, no las considero suficientemente valiosas. Por ejemplo, bebo una moderada cantidad de alcohol, normalmente en forma de vino, y –por el momento– los análisis de mi función hepática son completamente normales. No fumo tabaco. Fumaba, y lo hacía en exceso, pero posteriormente logré dejarlo. No fueron los riesgos para la salud los que me indujeron a ello, sino más bien el hecho de que me había convertido en una persona completamente dependiente del tabaco. Eso era, desde mi punto de vista, un claro ejemplo de un precio inaceptablemente alto que tenía que pagar.
Cada una de las decisiones de ese tipo son asunto mío, basándome en lo que sé sobre esa droga y en lo que sé sobre mí mismo.
De entre las drogas que son ilegales actualmente, he decidido no consumir marihuana, ya que considero que ese tipo de embriaguez –que consiste en sentir cierta ligereza mental y en una alteración de la consciencia de carácter benigno, sin consecuencias negativas en el ámbito fisiológico– no me compensa lo suficiente por la incómoda sensación de estar perdiendo el tiempo.
He probado la heroína. Esta droga, sin duda, constituye actualmente uno de los mayores problemas de nuestra sociedad. A mí me genera un estado de paz acompañado de sueños, sin sensaciones molestas, estrés o preocupaciones. Pero al mismo tiempo noto una falta de motivación, un descenso del nivel de alerta y en el deseo subjetivo de hacer mis tareas. No es el miedo a la adicción lo que me lleva a rechazar la heroína; se trata del hecho de, que bajo su influencia, nada parece ser suficientemente importante para mí
.
También he probado la cocaína. Esta droga, especialmente en su conocida presentación llamada “crack”, es un tema muy importante en nuestros días. Para mí, la cocaína es como un fuerte empujón, un estimulante que me ofrece una sensación de poder y de que lo tengo completamente alojado dentro de mí, que me encuentro sentado en lo más alto del mundo. Pero tengo también, a la vez, el inevitable conocimiento subyacente de que eso no es un poder real, de que realmente no estoy en lo más alto del mundo, y de que, cuando los efectos de la droga se hayan disipado, no habré ganado nada. Tengo una extraña sensación de estar viviendo una situación falsa. No tiene lugar una introspección que aporte conocimiento. No se aprende nada. De una forma un tanto peculiar, considero a la cocaína una droga de evasión, más aún que a la heroína. Con cualquiera de ellas te alejas de quien eres, o –más importante aún– de quien no eres. En cualquier caso, te libras, durante un período breve de tiempo, de la propia conciencia de tus problemas. Sinceramente, yo preferiría tratar los míos, en lugar de escapar de ellos; así se obtiene más satisfacción, en última instancia.
Con las drogas psiquedélicas, en mi opinión, creo que los leves riesgos que conllevan (alguna experiencia difícil, de vez en cuando, o quizás algún malestar corporal) se ven equilibrados de sobra por la posibilidad de aprender. Y ésa es la razón por la que he decidido elegir este ámbito específico, dentro de la farmacología.
¿Qué quiero decir cuando hablo del potencial de aprender? Se trata de una posibilidad, no de una certeza. Puedo aprender, pero no estoy obligado a hacerlo; puedo conseguir nuevas ideas sobre posibles procedimientos para mejorar mi calidad de vida, pero sólo gracias a mi propio esfuerzo llegarán los cambios deseados.
Permítame el lector intentar aclarar algunas de las razones por las que considero a la experiencia psiquedélica un tesoro personal.
Estoy totalmente convencido de que existe un compendio de información que se ha desarrollado dentro de nosotros, que llega a ser tan extenso como una cantidad consistente en muchos kilómetros de conocimiento intuitivo perfectamente comprimidos dentro del material genético de cada una de nuestra células. Sería algo parecido a una biblioteca que contiene un número prácticamente infinito de libros de referencia, pero sin que conozcamos un modo de acceder a ella. Y al no disponer de ningún procedimiento de entrada, no hay forma de tener ni siquiera una ligera idea inicial sobre la cantidad y la calidad de lo que hay allí dentro. Las drogas psiquedélicas permiten la exploración del mundo interno, así como el surgimiento de ideas que nos informen sobre su naturaleza.
Nuestra generación es la primera, en toda la historia, en haber convertido el autoconocimiento en un crimen, cuando se alcanza mediante el uso de plantas o compuestos químicos como métodos para abrir las puertas de la psique. Pero esa necesidad de conocer qué hay allí dentro siempre está presente, y aumenta en intensidad a medida que envejecemos.
Un día cualquiera, cuando miras a la cara a un nieto recién nacido, detectas que te has puesto a pensar que su nacimiento pone de manifiesto la continua y rica complejidad de la esencia del tiempo, que fluye desde el pasado hacia el futuro. Te das cuenta de que la vida se expresa continuamente de distintas maneras y con diferentes identidades, pero que, sea lo que fuere aquello que da forma a cada nueva expresión, que la hace posible, no cambia nada en absoluto.
“¿De dónde procede su alma, que es única de su ser?”, te preguntas. “¿Y adónde se dirige mi alma, la que me da la esencia a mí? ¿Hay realmente algo ahí fuera, que se manifiesta después de la muerte? ¿Hay un propósito subyacente a toda la realidad que percibimos? ¿Existen un orden y una estructura omnipresentes que permiten dar sentido a todo, o tal vez sería consciente de ello si pudiera ver esas entidades ocultas?”. Sientes la necesidad de preguntar, de investigar, de utilizar el poco tiempo que tal vez tengas, en vistas a la búsqueda de procedimientos para atar todos los cabos sueltos, para comprender lo que exige ser comprendido.
Ésta es la búsqueda que ha formado parte de la vida humana, desde el primer momento en que tuvo conciencia. El conocimiento de su propia mortalidad –un conocimiento que le hace ser distinto de sus compañeros, los demás animales– es lo que da al ser humano el derecho, el permiso, para explorar la naturaleza de sus propios alma y espíritu, con el objetivo de descubrir todo lo que pueda sobre los componentes de la psique humana.
Cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, nos sentiremos como si fuéramos extraños, en el extraño ámbito de nuestra propia existencia, y entonces necesitaremos respuestas a las preguntas que surgen de lo más profundo de nuestra alma y que nunca se acallarán.
.Tanto las preguntas como sus respuestas tienen el mismo origen: uno mismo.
Esta fuente, esta parte de nosotros, ha recibido muchas denominaciones a lo largo de la historia del ser humano, y la más reciente ha sido llamarla “el inconsciente”. Los freudianos desconfían de ella y los jungianos se sienten embelesados por ella. Es la parte de nuestro interior que mantiene la vigilancia cuando nuestra mente consciente no lo hace, que nos da una idea de qué hacer si surge una crisis, cuando no hay tiempo disponible para el razonamiento lógico, ni para tomar decisiones conforme a él. Es un lugar donde podemos encontrar ángeles y demonios, y cualquier otra cosa intermedia entre esos dos extremos.
Ésta es una de las razones por las que considero tesoros a las drogas psiquedélicas. Tienen la capacidad de proporcionar acceso a las partes de nosotros que disponen de las respuestas. Pueden hacerlo, pero, de nuevo, no tienen por qué hacerlo y probablemente no lo hagan, a menos que posibilitar ese acceso sea el verdadero propósito por el que se utilizan.
De cada uno depende utilizar estas herramientas bien y de manera adecuada. Una droga psiquedélica podría compararse a la televisión. Puede ser muy reveladora, muy instructiva y –con un extremo cuidado en la selección de los canales– podríamos lograr los medios para llegar a poseer un conocimiento extraordinario. Sin embargo, para mucha gente, las drogas psiquedélicas son simplemente otra forma de diversión; no buscan nada profundo, y de ese modo –normalmente– no experimentan nada profundo.
El potencial de las drogas psiquedélicas para proporcionar acceso al universo interior es –creo yo– su característica más valiosa.
Desde los primeros tiempos del ser humano sobre la Tierra, hemos buscado y utilizado plantas específicas que han servido para modificar la forma en que interactuamos con el mundo y en que nos comunicamos con los dioses y con nosotros mismos. En cada cultura, ha habido cierto porcentaje de la población –normalmente los chamanes, curanderos, hombres-medicina– que ha utilizado tal o cual planta para conseguir una transformación de su estado de conciencia. Estas personas han utilizado los estados alterados de consciencia a fin de mejorar su propia capacidad para diagnosticar y para permitirles recurrir a las energías curativas que intentan encontrar en el mundo de los espíritus. Los líderes de las tribus (las familias de los dirigentes, en civilizaciones posteriores) seguramente utilizaban las plantas psicoactivas para aumentar su capacidad de introspección y la sabiduría necesaria para gobernar, o tal vez simplemente para solicitar la ayuda de los poderes destructivos como aliados en las guerras en las que tendrían que luchar.
Se han descubierto muchas plantas para cubrir las necesidades humanas. A la humanidad siempre la ha acompañado el dolor no deseado. Igual que en la actualidad existen usuarios de heroína (o de fentanilo o meperidina), muchos siglos antes esta función analgésica la desempeñó el opio en el Viejo Mundo y la datura en el Nuevo Mundo, la mandrágora en Europa y norte de África, por nombrar algunas sustancias. Muchos individuos han utilizado esta forma de acabar con el dolor (físico y psíquico), lo cual incluye evadirse hacia un mundo de sueños. Y, aunque estas herramientas han tenido muchos usuarios, parece que sólo una minoría ha abusado de ellas. Históricamente, todas las culturas han incluido positivamente estas plantas en su vida diaria, y de ellas han obtenido más beneficios que problemas. En nuestra sociedad hemos aprendido a acabar con el dolor físico y a aliviar la ansiedad con el uso médico de ciertas drogas que se han desarrollado imitando a los alcaloides de las plantas sobre las que estamos hablando.
También ha estado siempre presente en la humanidad la necesidad de encontrar fuentes de energía adicional. Y, del mismo modo que nosotros tenemos usuarios de cafeína o de cocaína, durante siglos las fuentes naturales han sido el mate o la planta de la coca en el Nuevo Mundo, el kat en Asia Menor, la kola en el norte de África, el kava-kava y el betel en el Extremo Oriente, y la efedra en todas las partes del mundo. De nuevo, muchos tipos de personas –el campesino, inclinado bajo un enorme haz de leña que lleva a la espalda, caminando durante horas por el camino de una montaña; el médico que debe trabajar en el servicio de urgencias durante dos días sin dormir; el soldado que se encuentra bajo fuego en el frente de batalla y que no puede permitirse descansar– han buscado la fuerza y el empuje que conlleva la estimulación. Y, como siempre, ha habido sólo unos pocos que han decidido abusar de estas sustancias.
Además, existe la necesidad de explorar el mundo que se encuentra justo más allá de los límites inmediatos de nuestros sentidos y de nuestro entendimiento; eso también ha acompañado a la humanidad desde sus inicios. Pero, en este caso, nuestra sociedad norteamericana, no originaria de esta tierra, no ha dado su visto bueno a las plantas, las sustancias químicas que abren nuestra capacidad de percibir y sentir. Otras civilizaciones, durante muchos cientos de años, han utilizado el peyote y los hongos que contienen psilocibina, así como la ayahuasca, la cohoba y el yagé del Nuevo Mundo, la harmala, el cannabis y el soma del Viejo Mundo, y la iboga de África, en esta búsqueda en el interior del inconsciente humano. Sin embargo, el gremio médico de nuestro tiempo, en términos generales, nunca ha reconocido estas herramientas para el conocimiento interno o para hacer psicoterapia, y normalmente se han seguido considerando inaceptables. En el mismo núcleo del establecimiento del equilibrio de poder entre quienes nos curan y quienes nos gobiernan, se ha llegado al acuerdo de que la posesión y el uso de estas notables plantas constituyan un delito. Y que el uso de cualquier compuesto químico que se desarrolle para imitar la acción de estas plantas, aunque puedan suponer una mayor seguridad y un efecto más consistente, también sea un delito.
Somos una gran nación, con uno de los mejores niveles de vida conocidos en toda la historia. Nos sentimos orgullosos de una extraordinaria Constitución que nos protege de las formas de gobierno tiránicas que han conllevado la destrucción de países de menor relevancia mundial que el nuestro. Contamos con el privilegio de haber heredado la ley inglesa, que presupone que somos inocentes y que nos asegura nuestra privacidad personal. Uno de los principales puntos fuertes de nuestro país ha consistido en un común respeto por el individuo. Todos y cada uno de nosotros es libre –o así hemos creído siempre– para seguir cualquier camino religioso o espiritual que elija; libre para investigar, explorar, buscar información e intentar encontrar la verdad, y sin importar lo que desee, siempre que asuma completa responsabilidad por sus actos y sus efectos en otros.
¿Cómo es posible entonces que los líderes de nuestra sociedad hayan decidido emprender el intento de eliminar este método tan importante de aprendizaje y autoconocimiento, este medio que se ha utilizado, respetado y honrado durante miles de años, en todas las culturas humanas de las que conservamos algún dato? ¿Por qué, por ejemplo el peyote, que ha servido durante siglos como procedimiento con el cual una persona podía abrir su alma a una experiencia con su dios, ha sido clasificado por nuestros gobiernos como una sustancia perteneciente a la Lista I, junto con la heroína y el PCP? ¿Es esta forma de condena legal el resultado de la ignorancia, de la presión de las religiones organizadas, o bien un deseo cada vez mayor de obligar a la población a expresar su conformidad con lo establecido? Parte de la respuesta puede consistir en una creciente tendencia, en nuestra cultura, tanto al paternalismo como al etnocentrismo.
“Paternalismo” es el nombre que se da a un sistema en el que las autoridades satisfacen nuestras necesidades, y –a cambio de ellas– les permitimos que dirijan nuestra conducta, tanto pública como privada. El etnocentrismo consiste en una estrechez de miras, una unificación social mediante la aceptación de un código ético único, la limitación de los intereses y de las formas de experiencia a las ya establecidas como tradicionales.
Sin embargo, los prejuicios contra el uso de plantas y drogas que expanden la conciencia nacen principalmente de la intolerancia racial y de la acumulación de poder político. En los últimos años del siglo XIX, cuando el ferrocarril que une el país de costa a costa se había terminado de construir y ya no se necesitaba a los trabajadores chinos, se les fue considerando progresivamente infrahumanos y no civilizados; tenían la piel amarilla, los ojos oblicuos, y eran peligrosos extranjeros que frecuentaban los antros donde se fumaba opio.
Al peyote se le describió, en varias publicaciones de finales del siglo XIX, como la causa de asesinatos, tumultos y locura entre los perezosos indios americanos. La Agencia para Asuntos Indios decidió acabar con el uso del peyote (que continuamente confundía con el mescal o con el frijolito, en sus publicaciones), y una de las presiones más constantes, subyacentes a estos intentos, se ve claramente en esta cita parcial de una carta escrita por el reverendo B. V. Gassaway, a la citada agencia: “…El Sabbath es el principal día para nuestros servicios de rezo, y si los indios se embriagan antes con mescal (peyote), no podrán beneficiarse de la Palabra de Dios”.
Sólo con un tremendo esfuerzo y determinación por parte de muchas personas de los estados agricultores del sur, el uso del peyote se siguió permitiendo como sacramento en la lglesia Nativa Americana. Actualmente, como probablemente sabrá el lector, existe un renovado esfuerzo por parte de nuestro gobierno para eliminar el uso religioso del peyote por parte de nuestros americanos nativos.
En la década de los treinta se intentó deportar a los trabajadores mexicanos de los estados agrícolas del sur, y de nuevo se quisieron despertar los prejuicios raciales por los que a los mexicanos se les consideraba vagos, sucios y consumidores de esa peligrosa sustancia llamada “marihuana”. La intolerancia hacia los ciudadanos de piel negra se estimuló y apoyó con historias que narraban el consumo de marihuana y heroína entre los músicos negros. Debemos hacer notar que nadie insistió en ese uso de drogas por parte de los ciudadanos negros hasta que su nueva música, que ellos mismos llamaron jazz, empezó a atraer la atención de los blancos –al principio sólo dueños de clubes nocturnos, de raza blanca–, y también en ese momento comenzaron los primeros intentos de difundir las humillaciones e injusticias sufridas por los ciudadanos estadounidenses de piel negra.
Nosotros, en este país, somos conscientes y nos avergonzamos de nuestro pasado mal trato a los derechos de varias minorías étnicas, pero somos menos conscientes acerca del modo en que se ha manipulado la opinión pública en relación con ciertas drogas. Se crearon nuevos cargos con gran poder político y, gracias a ello, miles de nuevos puestos de empleo, sobre la base de la supuesta amenaza a la salud pública y a la seguridad ciudadana por parte de plantas y drogas cuya única función era alterar la percepción, abrir el camino a la exploración de la parte inconsciente de la mente, y –para muchos–, permitir una experiencia directa de lo numinoso.
Los años sesenta, sin duda, dieron un fuerte impulso a las sustancias psiquedélicas. Estas drogas se utilizaban como parte fundamental de una rebelión masiva contra la autoridad del gobierno y contra una guerra, la del Vietnam, que se consideraba inmoral e innecesaria. Asimismo, también hubo muchas personas que, de forma directa y desde la autoridad que representaban, afirmaron que se necesitaba un nuevo tipo de espiritualidad, y que animaban al consumo de psiquedélicos para establecer contacto directo con el dios de cada uno, sin la intervención de sacerdotes, ministros ni rabinos.
Los testimonios de psiquiatras, escritores y filósofos, además de muchos miembros de las distintas jerarquías eclesiásticas, que eran conscientes de lo que estaba sucediendo, defendían el estudio e investigación del efecto de los psiquedélicos, y de lo que ellos podrían revelar sobre la naturaleza y el funcionamiento de la mente y el alma humanas. Se les ignoró en medio del clamor popular contra el flagrante abuso y mal uso, de los cuales aparentemente existían pruebas abundantes y evidentes. El gobierno y la Iglesia decidieron que las drogas psiquedélicas eran peligrosas para la sociedad y, con la ayuda de la prensa, consiguieron convencer de que se trataba de un claro camino hacia el caos social y el desastre espiritual.
Lo que estaba implícito en todas las acciones que se emprendieron fue la ley más antigua de todas: “No podrás oponerte, ni dejar en evidencia a los que ostenten el poder, sin ser castigado”.
He explicado algunas de mis razones para afirmar que las drogas psiquedélicas son tesoros. Hay otras, y muchas de ellas aparecerán a lo largo de la historia que vamos a contar. Está, por ejemplo, el efecto que ejercen en mi percepción de los colores, que es totalmente digna de tener en cuenta. Asimismo, está la profundización de mi conocimiento emocional con otra persona, que puede llegar a ser una experiencia muy hermosa, con un erotismo de una intensidad sublime. Disfruto enormemente de la potenciación de los sentidos del tacto, el olfato y el gusto, y con los fascinantes cambios en mi percepción del paso del tiempo.
Me considero personalmente bendecido por haber experimentado, aunque haya sido brevemente, la existencia de Dios. He llegado a sentir una unión sagrada con la creación y con su Creador, y –lo más sorprendente de todo– he podido tomar contacto con lo más profundo de mi propia alma.
Por todas estas razones, he dedicado mi vida a este ámbito de investigación. Algún día tal vez entienda cómo estos sencillos catalizadores logran hacer aquello que nosotros experimentamos. Mientras tanto, estaré en deuda con ellos para siempre. Y también seré su defensor durante toda mi vida.

EL PROCESO DE DESCUBRIMIENTO
La segunda pregunta que más me suelen hacer, después de “¿Por qué te dedicas a ese trabajo?”, es “¿Cómo determinas la actividad de una nueva droga?”.
¿Cómo procedemos para descubrir la acción, la naturaleza del efecto sobre el sistema nervioso central, de una sustancia química que acaba de sintetizarse, pero que aún no se ha introducido en ningún organismo vivo? Yo comienzo explicando que debemos partir de la base de que, en primer lugar, la sustancia química recién nacida está tan libre de actividad farmacológica como un niño recién nacido está libre de prejuicios.
En el momento de la concepción de un individuo, queda decidido gran parte de su futuro, desde características físicas hasta el sexo y la inteligencia. Pero muchas otras cosas no se determinan aún. Cosas tan sutiles como la personalidad, los sistemas de creencia y muchas otras características no quedan establecidas al nacer. A los ojos de todo recién nacido, hay toda una omnipresencia de inocencia y divinidad que cambia gradualmente a medida que entabla interacción con los padres, los familiares y el entorno. El adulto en que se convierte es un producto que ha sido moldeado mediante repetidos contactos con dolores y placeres, y lo que aparece al final del proceso es un pesimista, un egocéntrico o una persona que se dedica a salvar vidas. Y los compañeros de viaje de esta persona, en el transcurso de su desarrollo, desde el bebé poco definido, hasta el adulto perfectamente caracterizado por su personalidad, todos ellos habrán influido en él, y a su vez habrán sido influidos por él, mediante todas las interacciones que habrán tenido lugar.
Lo mismo sucede con una sustancia química. Cuando se concibe la idea de una nueva sustancia, no existen más que símbolos, un collage de extraños átomos unidos mediante enlaces, que se garabatean en una pizarra, o en una servilleta, en la mesa, durante la cena. La estructura, sin duda, y tal vez incluso algunas características espectrales y propiedades físicas, están pre-determinadas de forma inevitable. Pero sus características en el ser humano, la naturaleza de su acción farmacológica, o incluso el tipo de acción que podría llegar a mostrar sólo pueden ser objeto de conjeturas. Estas propiedades todavía no se pueden conocer, dado que en esta fase aún no existen.
Aunque el compuesto aparece como una nueva sustancia, tangible, material, que se puede pesar, aún es tabula rasa en lo que respecta a la farmacología, en el sentido de que no se conoce nada, y no se puede llegar a conocer nada, acerca de su acción en el ser humano, ya que nunca ha estado en el interior de un ser humano. Es sólo mediante el desarrollo de una relación entre la cosa que se pone a prueba y la persona que la experimenta como se pondrá de manifiesto este aspecto característico suyo, y la persona que realiza la prueba contribuirá a la definición final de la acción de la droga tanto como la droga en sí misma. El proceso por el que se averigua la naturaleza de los efectos de un compuesto es lo mismo que el propio proceso de conocer sus efectos.
Entre los investigadores que ponen a prueba alguna sustancia que ha obtenido otro investigador se encontrarán algunos (la mayoría, espera el creador) que harán distintas evaluaciones por separado y que estarán de acuerdo con las de quien obtuvo por primera vez la sustancia, y entonces se tendrá la impresión de que el creador definió (desarrolló) las propiedades de forma adecuada. Otros investigadores (sólo algunos, espera el creador) mostrarán su desacuerdo, y sin decir nada a nadie tenderán a preguntarse por qué no llegaron a evaluar la sustancia de forma más precisa. Si sucede todo esto, podemos considerar globalmente que se trata de un éxito, y que es la recompensa por seguir las tres partes del proceso, es decir, ideación, creación y definición.
Pero debemos tener en cuenta que la interacción tiene lugar en los dos sentidos: la persona que experimenta una sustancia, lo mismo que la sustancia que se comprueba, reciben su mutua influencia .Yo determino la actividad de las sustancias que invento de la manera más antigua y más validada por la experiencia; establecida y practicada durante miles de años por médicos y chamanes que tuvieron que conocer los efectos de plantas que podían ser útiles para curar. El método es evidente para cualquiera que haya pensado al menos un poco en este asunto. Aunque la mayoría de los compuestos que investigo se materializan en el laboratorio, y yo en contadas ocasiones pruebo las plantas o los hongos que nos ofrece la naturaleza, todavía hay una única manera de hacerlo, un procedimiento que minimiza el riesgo, a la vez que maximiza la calidad de la información obtenida. Yo mismo ingiero el compuesto. Experimento sus efectos físicos en mi propio cuerpo y permanezco atento a cualquier efecto mental que pudiera aparecer.
Antes de ofrecer detalles sobre este anticuado método para descubrir la actividad de una nueva droga, permítame el lector explicar qué pienso sobre los ensayos en animales, y por qué ya no me baso en ellos para mi investigación.
Antes utilizaba animales, cuando trabajaba en Dole, para detectar la posible toxicidad. Evidentemente, las drogas que prometían tener utilidad clínica deben pasar por los procedimientos establecidos que permite el IND (Investigational New Drugs, “Nuevos Fármacos de Investigación”), así como por ensayos clínicos, antes de poderse efectuar estudios en humanos a gran escala. Pero yo no he matado ratones en experimentos desde hace dos décadas, y no preveo ninguna necesidad de hacer eso de nuevo. Mis razones para haberme situado en contra del uso de animales en los ensayos son las que expongo a continuación.
Durante la época en que experimentaba de forma rutinaria en ratones toda nueva droga, potencialmente psicoactiva, para establecer la LD-50 (el nivel de dosis al cual el 50% de los animales mueren), se me hicieron obvios dos conceptos generales. Todos los animales que pasaban por la prueba parecían agruparse en la zona que se encuentra en los 50 y 150 miligramos por kilogramo de peso corporal. Para un ratón de 25 gramos, esto implicaría encontrarse en unos 5 miligramos. Y, en segundo lugar, esa cifra no permite predecir ni la potencia ni las propiedades del mecanismo de la droga que podrían darse en el ser humano. No obstante, en la literatura científica, numerosos compuestos se han “establecido” como psiquedélicos por su acción, basándose tan sólo en ensayos animales, sin que se realizase ninguna evaluación humana. Creo, en términos absolutos, que poner a prueba cosas como la construcción del nido en ratones, o bien la alteración de la respuesta condicionada, el apareamiento, el tiempo que tardan en salir de un laberinto o su actividad motora, no tienen ningún valor para determinar el potencial psiquedélico de un compuesto.
Hay una forma de investigación mediante animales que ciertamente sí tiene mérito, y es la monitorización cardiovascular y eventual examen patológico de un animal experimental al que se ha administrado una dosis cada vez mayor del compuesto que se está estudiando. El animal que normalmente he utilizado ha sido el perro. Esta forma de investigación es ciertamente útil para determinar la naturaleza de los efectos tóxicos que se deben controlar, pero sigue sin tener ningún valor para definir los efectos subjetivos de una droga psicoactiva en el ser humano.
Mi punto de partida habitual, al probar una nueva droga, es de entre unas diez y cincuenta veces menos, en términos de peso, que el nivel activo conocido de su análogo más cercano. Si tengo alguna duda, reduzco de nuevo otras diez veces. Con algunos compuestos que están estrechamente relacionados con drogas de baja potencia previamente investigadas he comenzado a niveles de miligramos. Pero hay otros compuestos –los de una clase completamente nueva e inexplorada– en los que posiblemente comience a experimentar a niveles incluso inferiores al del microgramo.
No hay un procedimiento totalmente seguro. Distintas líneas de razonamiento pueden llevar a diferentes predicciones de un nivel de dosis que probablemente sea inactivo en el ser humano. Un investigador prudente comienza su exploración con la menor. Sin embargo, siempre está en el aire la pregunta: “Sí, pero qué sucedería si…?”. Podemos razonar, DESPUÉS de la experiencia que –en la jerga de los químicos– el grupo etilo incrementó la potencia por encima de la del grupo metilo, debido a la lipofilia, o que la redujo debido a una desmetilación enzimática poco efectiva. Por tanto, mis decisiones deben ser una mezcla de intuición y de jugar con las probabilidades.
Hay muy pocas drogas que –mediante el cambio estructural basado en un único átomo de carbono (a esto lo llamamos “homologación”)– cambien su potencia farmacológica en todo un nivel de magnitud. Hay muy pocos compuestos que sean activos oralmente a niveles muy por debajo de 50 microgramos. Y he descubierto que las escasísimas drogas que son activas en el sistema nervioso central del ser humano y que resultan ser peligrosas para el investigador a dosis activas, normalmente ofrecen algunas advertencias previas al nivel de umbral. Si deseas seguir siendo un investigador vivo y saludable, tendrás que conocer bien estas señales de aviso, y dejar de seguir investigando en mayor medida cualquier droga que presente una o más de esas señales. Yo normalmente experimento menos en busca de indicios de peligro que en busca de las señales de que la nueva droga pueda tener efectos que simplemente no me resulten útiles o interesantes.
Por ejemplo: si estoy probando una nueva sustancia a un nivel de dosis bajo y detecto en mí indicios de hiperreflexia, un exceso de sensibilidad a los estímulos normales –estar acelerado, como suele decirse coloquialmente–, podría tratarse de un aviso de que esa droga podría, a dosis más altas, causar convulsiones. Los convulsionantes se utilizan en la investigación con animales y tienen una función legítima en medicina, pero mi taza de té no llega a provocarme convulsiones. Que un compuesto muestre cierta tendencia a enviarme al mundo de los sueños puede ser un síntoma de advertencia; soñar durante el día es una conducta normal cuando estoy cansado o aburrido, pero no cuando acabo de tomar una pequeña dosis de una nueva droga y me encuentro vigilante, esperando síntomas de actividad. O tal vez me doy cuenta de que caigo en breves episodios en que duermo, los microsueños. Cualquiera de estas señales me llevaría a sospechar que la sustancia podría ser un sedante hipnótico o un narcótico. Este tipo de drogas es indudable que tienen su lugar en la medicina, pero –de nuevo– no son lo que yo busco.
Una vez se ha establecido que la dosis inicial seleccionada no tiene efecto de ningún tipo, aumento la dosis en días alternos, en incrementos de aproximadamente el doble a niveles bajos, y tal vez de 1,5 veces, a niveles superiores.
Debemos tener en cuenta que, si una droga se experimenta con excesiva frecuencia, se puede desarrollar tolerancia a ella, aunque no exista actividad percibida, de forma que aumentar la cantidad tal vez parezca no ofrecer actividad, y en realidad nos estaremos equivocando. Para minimizar esta posible pérdida de sensibilidad, no repito ninguna droga en días seguidos. Además, me concedo de vez en cuando una semana para estar completamente libre de drogas. Esto es especialmente importante si estoy experimentando distintas drogas de propiedades estructurales similares en el mismo período.
A lo largo de los años, he desarrollado un método de asignación de símbolos que se refieren exclusivamente a la fuerza o intensidad percibida de la experiencia, no al contenido, que se evalúa por separado en mis notas de investigación. Podría también aplicarse a otras clases de drogas psicoactivas, como sedantes-hipnóticos o antidepresivos. Utilizo un sistema de cinco niveles de efectos, simbolizados por signos de “mas” y de “menos”. Hay un nivel adicional que describiré, pero se sostiene por sí mismo y no es comparable con los demás.
(-) o “menos”. No se nota ningún efecto, de ningún tipo en absoluto, lo cual puede deberse a la sustancia en cuestión. A esta condición también se la llama “estado inicial”, que es mi estado anímico normal. Por tanto, si el efecto de la droga es “menos”, significa que me encuentro exactamente en las mismas condiciones mentales y corporales en las que estaba antes de tomar la droga objeto del experimento.
(±) o “más-menos”. Siento alguna diferencia respecto a mi estado normal, pero no puedo estar seguro de que se trate de un efecto propio de la droga. Hay muchos falsos positivos en esta categoría, y muy a menudo mi informe concluye que lo que he interpretado como indicio de actividad era, en realidad, producto de mi imaginación.
En este momento describiré brevemente algo que llamo la “alerta”. Es un leve indicio que sirve para acordarme (en caso de que me haya distraído por una llamada de teléfono o una conversación) de que, efectivamente, yo había tomado una droga. Sucede en una fase temprana del experimento, y es el preludio de acontecimientos venideros. Todos los miembros de nuestro grupo de investigación tienen su propia forma individual de alerta; uno nota cierta descongestión de los senos paranasales, otro siente un hormigueo en la parte inferior del cuello, otro empieza a moquear ligeramente, y yo, en concreto, me doy cuenta de que mi tinnitus desaparece.
(+) o “más uno”. Hay un efecto real, y puedo llevar la cuenta de la duración de ese efecto, pero no soy capaz de decir nada sobre la naturaleza de la experiencia. Dependiendo de la droga, podría haber signos tempranos de actividad, entre los que tal vez se encuentren las náuseas e incluso los vómitos (aunque sean extremadamente raros). Pueden aparecer efectos menos molestos, como un ligero mareo, repetidos bostezos, inquietud o deseo de permanecer en movimiento. Estos síntomas físicos tempranos, si es que surgen, suelen desaparecer en la primera hora, pero deben considerarse reales, no imaginarios. Puede haber un cambio mental, pero no se puede definir en relación al carácter de cada uno. Pocas veces hay falsos positivos en esta categoría.
(++) o “más dos”. El efecto de la droga es innegable, y no sólo puede percibirse su duración, sino también su naturaleza. Es a este nivel cuando se realizan los primeros intentos de clasificación, y mis anotaciones pueden incluir cosas como ésta: “Hay una considerable mejora visual y una gran sensación táctil, a pesar de notarse una leve anestesia”. (Lo que significa que, aunque las yemas de mis dedos puedan responder menos al calor, el frío o el dolor, mi sentido del tacto se ha potenciado claramente). A más dos, me atrevería a conducir un coche sólo si existiera de algún modo un riesgo de muerte. Aún soy capaz de contestar fácilmente al teléfono, y puedo llevar la conversación sin problemas, pero sin duda preferiría no tener que hacerlo. Mis facultades cognitivas siguen intactas, y si surge algo inesperado podría sobreponerme a los efectos de la droga sin excesiva dificultad, hasta tener el problema bajo control.
Es en este estado –más dos– cuando suelo introducir otro sujeto experimental, mi mujer, Ann. Los efectos de la droga son lo suficientemente notables en este nivel para que ella pueda evaluarlos en su propio cuerpo y su propia mente. Ella tiene un metabolismo muy distinto al mío, y por supuesto una mente también muy distinta, por lo que sus reacciones y respuestas me aportan una información muy importante.
(+++) o “más tres”. Ésta es la intensidad máxima del efecto de una droga. Aparece el máximo potencial que puede haber en una sustancia. Sus propiedades se aprecian por completo (suponiendo que la amnesia no sea una de esas propiedades) y es posible definir de forma exacta el patrón cronológico. En otras palabras, puedo detectar cuándo recibo la alerta, cuando termina el estado de transición, cuánto dura la meseta –o actividad completa–, antes de notar el comienzo del declive de los efectos, y de forma exacta, lo brusca o suave que es la vuelta al estado inicial o normal. Conozco cuál es la naturaleza de los efectos de la droga en mi cuerpo y mi mente. Me resultaría imposible coger el teléfono, simplemente porque necesitaría demasiado esfuerzo mantener la normalidad requerida en el tono de voz y en las respuestas. Podría manejar una situación de emergencia, pero la supresión de los efectos de la droga requeriría un fuerte grado de concentración.
Después de que Ann y yo hayamos explorado el grado “más tres” de la nueva droga, y hayamos establecido los rangos de dosis con los que obtenemos esta intensidad en los efectos, reunimos a nuestro grupo de investigación y compartimos la sustancia con ellos. Dentro de poco diré algo más sobre este grupo. Después de que los miembros del grupo de investigación hayan redactado sus informes sobre la experiencia es cuando me preparo para escribir la síntesis de la nueva droga y su farmacología humana, para su inclusión en alguna publicación científica.
(++++) o “más cuatro”. Ésta es una categoría aparte y muy especial, que forma una clase por sí misma. Los cuatro signos de “más” no significan, de ninguna manera, que sea superior o comparable a un “más tres”. Se trata de un estado sereno y mágico que es en gran medida independiente de la droga que se utilice –si es que se utiliza alguna droga–, y podría llamarse una “experiencia cumbre”, utilizando la terminología del psiquiatra Abe Maslow. No puede repetirse a voluntad repitiendo el experimento. Un “más cuatro” es una experiencia única, mística o incluso religiosa que nunca se podrá olvidar. Tiende a conllevar un profundo cambio de perspectiva, o en la dirección de la vida de la persona que tiene la suerte de experimentarla.
Hace unos treinta años, compartía mis nuevos descubrimientos con un grupo informal de unos siete amigos; no nos reuníamos todos a la vez, sino en subgrupos de entre tres y cinco, algunos fines de semana, cuando podían disponer de tiempo. Estos siete originales pasaron a dedicarse a otras cosas; algunos se mudaron de la zona de Bay Area y perdimos el contacto; otros siguen siendo buenos amigos a los que vemos ocasionalmente, pero actualmente para cenar y recordar viejos tiempos, no para hacer experimentos con drogas.
El grupo de investigación actual es un equipo que llega a ser de once cuando todos los miembros están presentes, pero, dado que dos de ellos viven bastante lejos de Bay Area, y no siempre pueden unirse a nosotros, normalmente somos nueve. Hacen esto por su propia voluntad, y algunos son científicos, otros psicólogos, y todos ellos son expertos en experimentar los efectos de un buen número de drogas psicoactivas. Conocen bien el tema, y estas personas llevan unos quince años trabajando conmigo. Forman una familia estrechamente unida cuya experiencia en este ámbito les permite realizar comparaciones directas con otros estados modificados de conciencia conocidos, así como manifestar si una característica especial del efecto de una droga es equivalente al de otra, o si por el contrario es inferior en la comparación. Siento por todos ellos una inmensa gratitud, por haberme ofrecido muchos años durante los que he podido confiar en su voluntad para explorar un territorio desconocido.
El asunto del consentimiento informado es algo complemente distinto en el contexto de este tipo de grupo de investigación, al llevar a cabo este procedimiento para estudiar sustancias. Todos nuestros miembros conocen los riesgos, así como los posibles beneficios, que se pueden esperar en cada experimento. La idea de mala praxis o demanda legal no tiene sentido dentro de este grupo de voluntarios. Todos y cada uno de nosotros sabe que cualquier tipo de daño, sea físico o psíquico, sufrido por cualquiera de los miembros, a consecuencia de la experimentación con una droga nueva, recibiría el trato adecuado por todos los demás miembros del grupo, en el grado en que fuese necesario, y durante todo el tiempo que necesitase esa persona para recobrar la salud. Todos ofreceríamos apoyo económico, emocional y cualquier otro tipo de asistencia necesaria, hasta cubrir todo lo que hiciese falta. Pero permítame el lector añadir que el mismo tipo de ayuda y cuidados daríamos a cualquier miembro del grupo que los necesitara, aunque la causa no tuviera ninguna relación con la experimentación con drogas. En otras palabras, somos amigos íntimos.
En este momento debo señalar que, en el transcurso de estos quince años, ningún miembro del grupo ha sufrido ningún daño físico o mental como resultado de la experimentación con drogas. Ha habido unos pocos casos de malestar psíquico y emocional, pero los afectados siempre se han recuperado en cuanto desaparecieron los efectos de la sustancia.
¿Cómo mide un investigador la intensidad de los efectos de una droga, tal como los percibe él? Lo ideal es que esas evaluaciones fueran objetivas, libres de cualquier opinión o sesgo por parte del observador. Y el sujeto experimental debería ignorar la identidad y el tipo de acción esperada. Sin embargo, en el caso de sustancias como éstas –drogas psicoactivas–, los efectos pueden percibirse solamente dentro del conjunto formado por los órganos sensoriales del sujeto. Sólo de esa forma podemos observar e informar sobre el grado y naturaleza del mecanismo de la droga. Por tanto, el sujeto es el observador, y la objetividad al estilo clásico es imposible en nuestro caso. No puede haber estudios ciegos.
El asunto de los estudios ciegos, especialmente los de doble ciego, no tienen ninguna relevancia y, en mi opinión, rozan la inmoralidad en nuestro ámbito de investigación. Las razones para diseñar un estudio “ciego” consisten en protegerse del posible sesgo subjetivo por parte del sujeto, pero la objetividad no es posible en esta clase de investigación, como explicaré más adelante. El sujeto podría llegar a tener un estado modificado de consciencia, y considero totalmente inadecuada la idea de no advertirle previamente de esta posibilidad.
Dado que al sujeto, en un experimento de este tipo, se le habrá advertido sobre la identidad de la droga y sobre la forma general de acción que puede esperarse a los niveles de dosificación que Ann y yo sabemos que son activos, y puesto que conoce el momento y el lugar del experimento, así como la dosis que va a tomar, yo utilizo la expresión “doble consciente”, en lugar de “doble ciego”. Esta expresión fue idea original del doctor Gordon Alles, un científico que también exploró el ámbito de los estados modificados de conciencia con drogas recién creadas.
Se siguen estrictamente ciertas reglas. Antes del experimento, deben haber pasado al menos tres días desde la última vez que se consumió una droga; si alguno de nosotros sufre algún tipo de enfermedad, aunque sea muy leve, y especialmente si está tomando medicamentos para ella, sabemos que no participará ingiriendo la droga objeto del ensayo, si bien puede decidir estar presente durante la sesión.
Nos reunimos en la casa de una u otra persona del grupo, y todos llevamos comida o bebida de algún tipo. En la mayoría de los casos, el anfitrión se prepara para que todos nos quedemos en su casa para pasar la noche, y nos llevamos sacos de dormir o esterillas. Debe haber espacio suficiente para que cualquiera de nosotros se separe del resto del grupo si desea estar solo durante un rato. Las casas que utilizamos tienen jardines donde podemos pasar algún tiempo al aire libre, entre las plantas. También hay disponibles música y libros de arte, para cualquiera que desee utilizarlos durante el experimento.
Sólo hay dos obligaciones relacionadas con el procedimiento. Tenemos siempre presente que las palabras “Levanto la mano” (acompañadas siempre por el levantamiento real de la mano de quien habla), antes de decir algo, significa que, independientemente de lo que se diga, se trata de un asunto o problema reales. Si yo grito “Levanto la mano”, y después paso a decir que huelo a humo, eso significa que estoy realmente preocupado por un olor a humo que es real, y no que esté haciendo algún tipo de juego de palabras o dejándome llevar por algún producto de mi imaginación, sea del tipo que fuere. Esta norma se recuerda al principio de todas las sesiones y se cumple estrictamente.
La segunda es el concepto de derecho a veto. Si algún miembro del grupo se siente molesto o nervioso por alguna propuesta concreta relacionada con la forma en que podría transcurrir la sesión, se ejecuta el derecho a veto y todos lo respetan. Por ejemplo, si una persona sugiere poner música en algún momento del ensayo y se le unen otros a los que gusta la idea, se supone que la decisión debe ser unánime; si a una sola persona le molesta oír música, queda garantizado que no se pondrá tampoco para el resto del grupo. Esta regla no genera los problemas que tal vez alguien podría imaginar, porque en la mayoría de las casas que son suficientemente grandes para acomodar a un grupo de once personas para un experimento de ese tipo, suele haber una sala libre en la que poder oír música sin perjudicar la tranquilidad que haya en otras habitaciones.
Debo decir algo sobre las conductas sexuales. En nuestro grupo, hace muchos años se expuso claramente –y se ha entendido y respetado desde entonces– que no habrá ningún tipo de comportamiento relacionado con impulsos o sentimientos sexuales, que se permita durante un experimento, entre personas que no estén casadas o que no tengan en ese momento una relación estable. Es la misma regla que se aplica en psicoterapia; se puede hablar sobre sentimientos sexuales, si se desea hacer, pero no habrá ningún tipo de actos físicos con otro miembro del grupo que no sea la pareja adecuada. Por supuesto, si una pareja con una relación consolidada quiere retirarse a una habitación privada para hacer el amor, son libres de hacerlo con el beneplácito (y probablemente la envidia) de todos los demás.
Existe el mismo acuerdo en relación con los sentimientos de enfado o con los impulsos de violencia, si llegaran a surgir. Esto permite una total libertad de expresión, y la completa seguridad de que, independientemente de qué tipo de sentimiento o emoción inesperados puedan surgir, nadie actuará de ningún modo que pueda causar remordimientos o sensación de vergüenza, en ese momento o en otro futuro, hacia alguno o todos nosotros.
Los investigadores están acostumbrados a tratar la falta de acuerdo o los sentimientos negativos de la misma forma en que los tratarían en una terapia de grupo: examinando los motivos de las molestias, el enfado o la irritación. Saben hace mucho tiempo que el examen de los efectos psicológicos y emocionales de una droga psicoactiva es, inevitablemente, similar al examen de sus dinámicas psicológicas y emocionales como individuos.
Si todo el mundo está en buenas condiciones físicas, participan todos los miembros del grupo. Se hizo una excepción en el caso de un miembro que llevaba mucho tiempo participando, un psicólogo de setenta y tantos años que durante una sesión experimental tomó la decisión de dejar de tomar drogas experimentales. No obstante, quiso seguir participando en las sesiones con todos los demás, y recibimos su presencia con gran entusiasmo. Disfrutó mucho tiempo con lo que se conoce como “ebriedad por contacto”, hasta que murió unos años después, tras una operación de corazón. Le quisimos mucho y aún le echamos de menos.
Se trata de un equipo poco usual, y lo reconozco, pero ha funcionado bien para la evaluación de más de cien drogas psicoactivas, muchas de las cuales se han introducido en una práctica psicoterapéutica de un tipo nuevo y distinto.

Doctor Alexander Shulgin



INFORMACIÓN SOBRE LOS DERECHOS DE AUTOR
Este documento, así como todo su contenido y su información, pueden copiarse y reproducirse libremente y por cualquier medio, sólo si se incluyen visiblemente enlace a las dos páginas web del Proyecto Shulgin en español y se cita claramente el autor de la traducción. Estaremos encantados de entablar cualquier tipo de intercambio con todos los medios web e impresos interesados en nuestro proyecto.
Estos derechos que nos atribuimos son sólo los correspondientes a la traducción de la obra de Shulgin al español, y en ningún sentido nos referimos al original en inglés. Poseemos el derecho de traducción y publicación de las obras de Shulgin mediante permiso por escrito de los editores de las obras originales y el beneplácito de la propia Ann Shulgin.



domingo, 1 de febrero de 2015

Carta abierta de Jonathan Ott


Carta abierta de Jonathan Ott
En apoyo de la traducción al español de los libros PIHKAL y TIHKAL, de Shulgin


Comparto con varios colegas castellano-hablantes (los que hablamos «español») un aprecio y una admiración profunda por el trabajo químico y psiconáutico del recién difunto químico usano, Alexander T. “Sasha” Shulgin; especialmente por su divulgación a los no especialistas gracias a dos libros pioneros, PIHKAL y TIHKAL (de los que es coautor Ann Shulgin, su viuda). Más que con cualquier otro colega mío, compartí la orientación política marcadamente libertaria de Sasha (ambos considerábamos que nuestro trabajo científico era una especie de acción política) y el deseo de poner definitivamente los avances en química y chamanismo en las manos de cualquiera que los honrase y valorase; que deseara explorar sus múltiples potenciales. Como colegas en el negocio de la autoedición, Sasha y yo sostuvimos varias discusiones de carácter estratégico relacionadas con el negocio editorial. Me decía que su principal idea consistía en publicar sus libros de la manera más económica posible (para eliminar a los intermediarios, además de utilizar los materiales y las encuadernaciones más baratas y cosas por el estilo), para así ponerlos al alcance del mayor número posible de psiconautas, especialmente en los Estados Unidos. Sí, los Estados Unidos de América (o «USA»), no simplemente por ser nuestra patria (y en consecuencia el legítimo objetivo de nuestras responsabilidades políticas), sino por ser el país con mayor grado de responsabilidad en el contagio de “la enfermedad americana” de la prohibición de las drogas, a la vez que la nación que más ha sufrido sus consecuencias: una mayor decadencia y degeneración de su sistema judicial, causante de la enorme cantidad de prisioneros fármaco-políticos, etc. Compartimos la convicción –Sasha y yo– de que nuestra mejor oportunidad para combatir personalmente aquella fuerza de control y coacción pseudocientífica y médico-dogmática, esencialmente anti-democrática, sería difundir lo más ampliamente posible, la que él tal vez habría llamado “la ciencia psicodélica”, y que yo más bien denominaría la enteobotánica o la enteognosia.
Con la publicación de PIHKAL y TIHKAL, hace unos 20 años, Sasha y Ann propinaron unos golpes mortales contra aquel malvado imperio de la prohibición. Sin embargo, su publicación exclusivamente en inglés, por fuerza excluyó un 10% de la población “usana” (es decir, de «USA»), latina y no anglo; es decir, castellano-hablante. Solemos olvidar que los EE UU han sido, y siguen siendo, parte de Latinoamérica, tanto en sentido geográfico como demográfico. A fin de cuentas, estamos hablando de aproximadamente una tercera parte de la superficie de los 48 estados continentales, pero California se encuentra en un mundo muy diferente a Nueva Inglaterra, tanto cultural como geográficamente: Los Ángeles y San Francisco están muy apartados de New York, New Jersey y New Hampshire. Actualmente, México es el país del mundo con mayor población castellano-hablante (incluyendo una gran cantidad de inmigrantes no documentados: hasta 300.000 mexicanos cruzan cada año la frontera que separa nominalmente nuestras dos naciones). Esta faceta latinoamericana de USA se refleja en el hecho de que su tasa de crecimiento demográfico sea la propia de países tercermundistas, no de Europa o Japón. Aunque nos parecemos económicamente a lo que podríamos llamar “Nueva Inglaterra”, demográficamente nos parecemos más a “Nueva España”. Sí, los EE UU pertenecen, sin duda, a Latinoamérica; tanto es así que a mediados de este siglo (dentro de 35 años) se prevé que los EE UU se conviertan en ¡el país con más castellano-hablantes del mundo!
Es nuestro deseo ayudar a que el legado de Ann y Sasha llegue a estos “americanos olvidados”, de los los 450 millones de castellano-hablantes que actualmente habitan el planeta (1 de cada 16 almas vivientes). Por ello, deseamos traducir PIHKAL y TIHKAL al castellano, para que se publique en España, gracias a la labor de varios traductores, que son, a su vez, especialistas en determinadas disciplinas importantes para captar todos los matices expresados por los autores. Este grupo de traductores van publicando algunos capítulos de los libros en http://www.shulgin.es, y entablan contacto con sus seguidores y demás interesados por los psiquedélicos en http://www.facebook.com/librosdeshulgin. El director es J. C. Ruiz Franco (filósofo, nutricionista, traductor y escritor), co-fundador del proyecto junto a Alfonso Barba (bioquímico, traductor y emprendedor), quien es también el principal traductor de la parte química; contamos asimismo con Antonio Cillero (ingeniero químico y traductor, además de creador de la página web del proyecto) Igor Domingo (periodista, quien además de traductor, es el principal corrector), Ricky Lacomero (bioquímico y traductor) y John McClan (empresario y traductor). Incluso Guillermo Herranz, editor personal de Antonio Escohotado, y su esposa Cris, van a colaborar en el proyecto. Por último, no podemos olvidar mencionar que se une al grupo el ilustrado mexicano Mario Manjárrez, quien ya tiene experiencia en traducir a Shulgin a través de su página web, y que va a ser el representante del proyecto en Norteamérica y Centroamérica, por lo que es la persona con quien deben ponerse en contacto los ciudadanos de aquellas tierras si están interesados en los libros de Shulgin; antes de su publicación para obtener información, y una vez estén publicados, para saber cómo adquirirlos.
Solicitamos vuestra ayuda para poner el trabajo de los Shulgin al alcance de todos los americanos—latinos y anglos—, además de a una buena parte de los más de siete mil millones de personas que pueblan nuestro planeta. Personalmente, me he comprometido a revisar la traducción de los dos libros y a redactar prólogos o introducciones para cada uno de ellos. Mi amiga, la artista enteobotánica Donna Torres, se ha ofrecido amablemente para ilustrar las ediciones en castellano (tanto las portadas como la primera página). Por ser medio colombiana y medio canadiense, y por residir en Miami junto con su marido cubano-americano, C. Manuel Torres, Donna ejemplifica la naturaleza dual de los EE UU en el siglo XXI: al estilo del dios Jano, es a la vez latino y anglo, siendo de facto, si bien no de jure, un país bilingüe, sin olvidar que es parte clave de Latinoamérica.
Os pido, a todos los que leáis estas líneas que escribo, que tengáis a bien colaborar para ayudarnos a poner el trabajo de Sasha y Ann al alcance de todos y cada uno de los americanos, sin importar que habiten en los helados territorios boreales de Yukon o en la igualmente gélida Tierra de Fuego; o cualquier punto intermedio de esta vasta región, que literalmente abarca el globo entero (recordando que como americanos, tenemos todos mucho en común), y sin olvidar a nuestros amigos ibéricos de España, con sus antiguas relaciones coloniales por todo el mundo, lo cual hace posible que el castellano sea un idioma tan internacional como el inglés.
Yo sé, con total seguridad, que Sasha habría apoyado este proyecto con entusiasmo y todo su corazón. Y probablemente habría añadido que es: “¡FAAAAAAN—TAAAAAAS—TIC!”.
Jonathan Ott
San Andrés Tlalnelhuayocan
Veracruz, México


25 de noviembre de 2014


Jonathan Ott

viernes, 30 de enero de 2015

Proyecto Shulgin en Español


Contacto: jcrfranco@gmail.com

Sasha Shulgin y su mujer escribieron dos obras magníficas, PIHKAL y TIHKAL, en las que, junto a una interesante narración de su vida y de los acontecimientos más importantes en el ámbito de la psicofarmacología y la psiconáutica, mezclados a veces con ciertos asuntos políticos, se describen con todo lujo de detalles la síntesis y las propiedades de más de 200 sustancias psicoactivas. Hasta ahora, estos dos libros sólo han estado disponibles en inglés, pero desde hace poco más de un mes, un grupo de especialistas en traducción y en diversas materias relevantes (filosofía, química, historia, psicología, etc.) para desentrañar todo su sentido más profundo han emprendido la compleja tarea de traducir estos dos enormes volúmenes de unas 1.000 páginas cada uno, con el objetivo de llenar un vacío imperdonable que ha hecho que hayan transcurrido 17 años desde la publicación del último de ellos (TIHKAL) sin que puedan leerlos los hispanohablantes que no dominen el inglés, su idioma original.

Pero ahora por fin, dentro de poco, PIHKAL y TIHKAL estarán disponibles en español, con lo que aportarán un enorme cúmulo de conocimientos imprescindibles no sólo para los psiconautas y los aficionados a los psicoactivos, sino también para la química y la psicofarmacología, ya que todas las sustancias tratadas constituyen un perfecto ejemplo de procedimiento de creación de fármacos, todos ellos con efectos sobre la mente. Puede leerse más información sobre este importante proyecto en las direcciones http://www.shulgin.es y http://www.facebook.com/librosdeshulgin.

Os recomendamos que no tardéis en visitarlas, ya que de lo contrario os perderéis, no sólo algunos fragmentos de ambas obras, ya traducidos, y artículos sobre diversas drogas, sino también los boletines informativos que sus encargados envían en formato pdf para informar sobre el transcurso de su trabajo, junto a capítulos importantes de los dos libros. En cuanto estén traducidos, revisados y corregidos, se procederá a la apertura de una campaña de crowdfunding, con el objetivo de recaudar fondos para su impresión, y quienes hagan la aportación indicada los recibirán en su domicilio. Si al final del proceso hay beneficios, se procederá a encargar la impresión de más ejemplares de cara a su venta por Internet y en librerías especializadas en esta temática. Por tanto, no olvidéis que, al menos en principio, la forma de conseguirlos no será la habitual venta en librerías, así que no os descuidéis si no os queréis perder estas dos joyas escritas por uno de los mayores genios de nuestro tiempo.


martes, 1 de abril de 2014

PABLO AMARINGO dice: Los Niveles de los Chamanes


 Lo que sigue son fragmentos de la descripción que hiciera Pablo Amaringo de uno de sus cuadros expuestos en la 5th. International Shamanic Conference de Iquitos en  el 2009.



“El cuadro se llama Los Niveles de los Chamanes.”

ONAYA

El primer nivel, los que están practicando con plantas, con alguna cosa...., bueno en fin se llama onaya.

El onaya puede trabajar con la yahuasca, con todas las plantas que él conoce, toe, el chiquito, el chicuro, bueno, otras plantas usa él, para baños u otras plantas para hacer las pócimas o agregar a la ayahuasca para tomar.

El onaya si quiere progresar tiene que hacerse humilde, tiene que humillarse, no puede reclamar a los seres espirituales, a ellos no se les reclama, porque ellos son puros, son exactos, ellos no comenten errores para decir después he cometido un error, no, ellos son muy exactos, completos.
(Aquí se refiere a los círculos donde se encuentra el onaya)
Estamos formados de muchos triángulos.…… es porque, porque es rojo porque es amarillo, porque el amarillo representa la inteligencia el rojo representa la vida, esta en buen camino para irse al otro nivel que es banco puma. 

El onaya ha dietado, ha ayunado para que llegue al grado de banco puma……las personas que están dietando, si está bien, pero no están ayunando. La dietética  requiere, son dos cosas ahí, el ayuno y la dieta, entonces si no hace eso el chaman, el onaya no puede hacerse un banco puma.

….Al ver que muchos acá estoy notando....., yo tengo una percepción extra sensoria y puedo notar a la persona, quien esta aprendiendo más y quien esta aprendiendo menos, pero me da ese gusto esa alegría ver que todos están aprendiendo, aunque sea primeramente a tomar a la ayahuasca, a conocer que produce sus visiones, porque muchos no se marean con la ayahuasca pero ¿por que?, necesitan una dosis competente, no mucho pero que la ayahuasca debe estar soplada por un chaman muy fuerte, entonces recién va tener las visiones.

El onaya para llegar a ser banco puma tenía que tomarse la ayahuasca, la chacruna y la mezcla de puma y hauiyo.

BANCO PUMA

El banco puma era un hombre, era un chaman que dominaba todo lo que fuera de tierra y selva, nada más, agua un poco, no completo.

Podía curar dolor de estómago, dolor de cabeza y algunos torcimientos del cuerpo, los calambres, el banco puma.

El banco puma tenía una manera de volverse puma o jaguar, cuando el daba cinco saltos así (vueltas), entonces se transformaba en un jaguar, pero ¿para que? para que vaya al monte a cazar animales que con las flechas no se podía cazar, por ejemplo la sachavaca y algunos venados y otros animales que por ejemplo, el fajino, la uangana y otros.

Cuando tomaba o se emborrachaba ¿no? quería comer, entonces muchas veces, muchos banco pumas han comido a sus mujeres.

Bueno ahora pasamos, ya, el banco puma tenia que dietar mucho, tenia que dietar que no lo vea la gente, en el monte para llegar a ser muraya.

Los niveles más superiores ya representa el color lila.


MURAYA

El muraya tenía dominio sobre la tierra y en el agua, el muraya era un chamán con una forma más sublime o como dicen más educado y estaba más educado para la espiritualidad grande.

Entonces el tenía que dietar por lo menos tres años, tres años sin probar la sal, pero para eso, acá la gente, por ejemplo dice, yo no puedo dietar un mes , dos meses, porque quiero comer sal, quiero comer dulce, entonces, pero ¿por que? debe haber un maestro que tenga el icaro de la sal, del dulce para hacer olvidar, entonces la persona dieta sin ningún problema, pero lo hace el icaro que le sopla el maestro lo hace que asquee a la sal, el dulce, cualquier otra cosa y puede llegar a los tres años.

SUMIRUNA

…Entonces tenía que llegar a ser sumiruna, sumiruna decía porque ya es un hombre, un maestro de alta…mejor dicho de alta espiritualidad, de conocimientos sublimes, él podía curar… Yo tuve un tío abuelo que era sumiruna y vivía de aquí, de Iquitos en el pueblo de Sapuena, en el río Ucayali en el pueblo de Sapuena, él curaba a los hijos de doctores y a los doctores del hospital de aquí de Iquitos, él se llamaba Valentín Cachú.
…Un sumiruna no es cualquiera pero de si el sumiruna va a vivir seis meses, siete meses dentro del agua o va dentro de la tierra o se va al espacio.


  

Valentín Cachu

El sumiruna es semejante al swami de la India, ellos…, mi abuelo por ejemplo, le ponía el cartucho al arma y que hacía y le decía, dispárame a la otra persona, dispárame, entonces cuando disparaba, no reventaba nada, no salía nada, entonces ellos pueden detener cualquier peligro.

El sumiruna se mete al agua y va a aparecer donde quiere pero no mojado, seco, él nos hacia ver, porque siempre nos visitaba en Tamango cuando yo tenía ocho años, una vez y el agarraba su canoa y se iba medio río y salía allí, como que el río era ahí un vado, pero era muy profundo, ahora no sé sabe en que prendía el remo para amarrar a la canoa y él salía de la canoa a bañarse en medio del río que no bajaba la canoa, ahí estaba, no bajaba, cosas muy admirables hacia mi abuelo.
…Levantaba desde la profundidad del río a los purauwas a corón, eso que la llaman las grandes anacondas que la gente cuenta, del yacumama, a esos animales, él los levantaba, desde adentro los hacia flotar así sobre el río ¿no?
…No hacia a escondidas, ni así…, no, no, toda la gente estaba viendo y ponía ahí una banca y ahí hacia echar al enfermo y de lo que tenía, como agarrar con la mano y sacar, los males, allá también pueden llegar ustedes para poder  llegar a hacer tantos bienes. 

Él, cuando… una vez estábamos yendo de un lugar a otro, a otro caserío ¿no? en la canoa, entonces ya hemos viajado casi un día, entonces quería comer mi hermano, ¿a quieres comer?”, entonces se votó al agua y saco una mocawa con plátanos asados, pescado ahumado y chicha en otro recipiente ¿quien te puede dar de comer así sacando del agua?

El machete mandaba a afilar muy bien y decía que lo corten en la pierna y cuando iban a cortar, no entraba el machete, no penetraba y saltaba como si estaría cortando un ......, no sé que pero no se profundizaba el machete.

…A sus familiares los domingos pero sabe como, ponía una tinaja en la mesa y a su alumno que estaba aprendiendo para ser chaman le decía: “a ver, rompa la tinaja”, entonces el alumno, soplaba la tinaja, como sopla fuuf, entonces la tinaja solamente se movía así (gesto de balanceo), ah le dice: “te falta, hoy vas a ver como yo soplo, de un solo soplo la tinaja volaba en pedazos.

El sumiruna tiene que portarse muy derecho, con una disciplina, ¿para qué? Ellos ya no dietan mucho, una disciplina nada más, para llegar a ser el  banco sumi.

BANCO SUMI


El banco sumi domina completamente todo lo que se llama la vida física y ya está en un grado de sublimidad de ser llamado santo.

El Banco Sumi, él cuando quiere hace todas las vigas de su casa, todo el techo de su casa hace iluminar sin tener luz eléctrica.


RESPUESTAS


Hechiceros

Ah ya si claro muy buena pregunta y los hechiceros, por ejemplo, yo me he ganado enemigos gratuitos. ¿Por qué?  Porque yo curaba a la gente hechizada y también a la gente que tenía los males normales o naturales y cuando una persona venía hechizada donde mí, yo la curaba, entonces que pasó, que el hechicero venía  a mi contra, ya no contra su víctima, sino conmigo era ya la cosa.

…..Pero los hechiceros , esos matan, porque hay tres clases de hechiceros: los chonteros, los que usan marupa (cocama) y también huani.


 Bueno me habían atacado más de 25 hechiceros, entonces casi me matan me han vuelto loco, yo no conocía a la gente, bueno ni mis cosas. Entonces que ha pasado cuando alguien han buscado que me vaya a curar, nadie quería curarme, porque era muy fuerte la hechicería, entonces un viejecito que sabía bien manejar su ayahuasca me curó pero me dijo, me dio 25 días para dietar y me dijo: después de tu dieta tú vas a matar  uno por uno a tus enemigos y yo no he querido hacer eso porque mi conciencia lo va  manchar y voy a estar pensando que yo he sido un asesino, por eso me he retirado, por eso ya no tomo la ayahuasca.

Memoria

Bueno, yo cuando era niño si tenía una memoria muy avanzada porque yo me preguntaba ¿que es esta vida? por que vivimos, morimos y que pasa después de muertos a donde vamos, me tenía intrigado eso , no podía yo saber, a mi papá le preguntaba y por último mi papá me regañaba ya tanto que le preguntaba, yo quería saber por que morimos, por que envejecemos, nacemos, crecemos luego morimos y que hay de nosotros después, eso es lo que yo quería saber, pero ahora si yo ya sé, yo sé muy bien ahora.

Espíritu y ciencia 

Desde luego claro, nos unimos y hay mucha enseñanza, por eso que yo estoy muy alegre , muy contento al verles que ustedes están en buen camino, pero yo, mi sugerencia que les doy, no tengan revanchismo contra nadie, con la tranquilidad, con esa nobleza, así van a avanzar pero si hay revanchismo, hay competencia, mala vida, entonces no van a avanzar así.

Agradecimiento mutuo 

Muchas gracias si, yo le doy muchas gracias porque usted tiene un conocimiento más allá, el conocimiento de la vida está más allá de los pensamientos por eso es que la persona sino se ocupa o se preocupa, muchos se preocupan pero no se ocupan a descubrir que cosa hay más allá, pues usted lo ha hecho muy bien y lo siga haciendo y lo va a descubrir mediante la ayahuasca.



Pablo Amaringo (obra inconclusa)






                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           

viernes, 20 de enero de 2012

PREPARACIÓN DEL MENJURJE

Por Javier Cuadra Lira

APÉNDICE
 MITOTE DE UNA NOCHE DE VERANO

Preparar el San Pedro apropiadamente hasta obtener la pócima óptima requirió 3 intentos, todos válidos. El ensayo y el error han sido nuestras referencias. Requerimientos que nos hemos exigido: cocinar a fuego de leña a cielo abierto. Una marmita alquímica con capacidad para 20 litros, y esquejes de San Pedro de al menos 4 años de crecimiento, todos ellos de 8, 7 y 6 direcciones, que son los que he logrado conseguir. Esta condición inicial se cumple para todas las preparaciones. En cuanto a la preparación de los esquejes he seguido los siguientes pasos:

Cortar o disponer de esquejes de 25 a 30 cm de longitud por cada persona que vaya a participar en la sesión.
Retirar las espinas, muy importante pues pueden originar virotes, según explican algunos curanderos.  En nuestro caso los hemos retirado pacientemente con un pequeño cuchillo haciendo pequeñas incisiones hasta extraer parte de la pulpa que envuelve la raíz de las espinas.
Una vez retiradas las espinas hemos procedido a cortar los esquejes en rodajas de 3-4 cm de grosor. Luego retiramos el núcleo fibroso central y la parte pulposa blanca, pues según se dice es la causante de muchos de los síntomas gastrointestinales. Por lo que vamos quedando únicamente con un mínimo de pulpa en la corteza verde que es la de mayor interés.  Todo lo que se ha cortado, pasa pues a ocupar la olla y al fuego.
Como decíamos anteriormente, el fuego que hemos empleado ha sido a leña natural, y a cielo abierto por lo cual elegimos los mejores días en que había poca posibilidad de lluvia.
Sugerimos tomar en verano, porque el San Pedro es una planta de conocimiento para “afuera”. Aunque si nos quedamos callados, también vale para “dentro”.

Primer menjurje: duración de 3 horas de cocción a fuego alto al inicio y luego rebajado a fuego bajo, inicialmente 3-4 litros de agua y luego agregar un litro más durante la cocción. Al final de la primera hora agregamos un litro de limón, ya que se recomienda porque es un extractor de la mezcalina de la corteza.  El resultado final fue un liquido bastante acuoso, de olor y sabor amargo cítrico, verdoso, con los tropezones de cactus flotando por todas partes sin haberse macerado. Fui a la cocina a por la licuadora y trituré todo el contenido, el cual dejé una hora más a fuego alto tras lo cual retiré la olla. La cantidad de líquido era de 1.5 litros con poca reducción.  El resultado fue satisfactorio, un poco difícil de tragar porque tocaba por persona a una taza grande que tomamos a grandes sorbos. Muchos eructos. Náuseas importantes durante el lapso de cambio de mundo o inicio de la mareación. También se acompañó de mucho movimiento peristáltico intestinal, no llegando nunca a ser dolor. Aparición de espasmos musculares y sensaciones de convulsiones del cuerpo sin pérdida de la conciencia, también podría describirse como un temblor del cuerpo, sensación de enfriamiento o distermia. Posteriormente se presentaron visiones internas, en mi caso se presentó el dueño de la planta. Dificultad para dormir. Sensación de tener poder y fuerza física. Contorno físico de los árboles difuminado, lo mismo de las cosas. Carajitos del bosque.
Segundo menjurje: 4 esquejes. 5 horas de cocción, 3 litros de agua al inicio, durante el tiempo de cocina 3 más. Un litro y medio de limón agregado a la segunda hora. Resultado: nuevamente fue necesario licuar el contenido por la persistencia de los tropezones de cactus, aunque el líquido era un poco más denso, al terminar la cocción  y la trituración quedaron demasiados elementos de la corteza sin disolverse. El día de la toma fue realmente difícil de tragar por la cantidad de bagazo y casi tuvimos que mascarlo para poder extraer el liquido, fue una experiencia rumiante, con el líquido amargo y cítrico de la vez anterior. Nos vimos obligados en determinado momento a filtrarlo con ayuda de un paño shipibo, el cual destiñó y agregó una nueva sensación de sabor, el del tinte natural del paño shipibo.
Resultado: los síntomas físicos similares al anterior, pero menos marcado en cuanto a los espasmos musculares, y los temblores, siempre sensación de enfriamiento y náuseas principalmente al inicio de la mareación, movimientos de tripas y sensación de fuerza física posteriormente. Escuchamos el soplo del espíritu. Icaros silbados, visiones de autonomía de movimiento, las nubes que reaccionan a nuestra voluntad icarera, y cambios en el cielo como si se tratase de auroras boreales. Transformaciones de los árboles y sus contornos. Duración del viaje de 12 horas cortas.

Tercero y cuarto menjurjes: 3 esquejes. Tiempo de cocción de 9 horas. Agregando un litro de agua cada hora. 1½ litros de limón con fuego alto.
Resultado: maceración de todo el material salvo algunas partes de pulpa de la corteza. Liquido verde marrón oscuro espeso y a veces gelatinoso. En el fondo de la marmita se observan adherencias de material marrón de tacto pastoso que tiende a endurecerse. Muy parecido a formación de cristales. Se procede a filtrase con una camiseta vieja del museo de Altamira q.e.p.d y se elimina de esta manera los bagazos de la pulpa. Contenido final un ¾ de litro. Efectos muy potentes. Duración de 12 horas o más. Diseños y formas parecidas a los textiles shipibos. Sonidos de baja frecuencia como el hum. Diseños del contorno de los árboles que cambia constantemente, como formas góticas. La energía como aurora boreal, como se mueve en el cielo. El conocimiento en el cuerpo. Anulación de la cháchara mental. Experiencias ajá. Se saben cosas. El cimbrar del aire. La energía de la oración. Los seres que viajan en las nubes. Hablar con los seres del bosque. Ah? Y esto es todo, a esto se resume todo? No más intelecto. De los fenómenos internos ni hablar, queda en cada uno lo que visto y atestiguado. 
Creo que es el método aunque puede perfeccionarse, por ejemplo, reduciendo un poco más e intentar eliminar un poco más el líquido para que quede más espeso y sea más fácil de ingerir.

miércoles, 11 de enero de 2012

MITOTE DE UNA NOCHE DE VERANO




Por Javier Cuadra Lira


Toda experiencia con una planta, o con cualquier evento vital o no vital, ordinario y simple, sencillo, empieza mucho antes, se genera en el pre-mundo, en lo no manifiesto, y luego deviene  la intención,  todo va hilvanándose y conformándose para que aquello que es deseo se materialice en este mundo de los sentidos. De lo invisible a lo manifiesto. De tal manera que la primera experiencia realmente ya ha ocurrido aún antes de experimentarla. El deseo de comulgar. Primero se lee o escuchamos accidentalmente de ello, luego meses o años de estudio, el acercamiento o acechanza, el primer contacto físico, somático, con la planta viva, en su medio natural. Y en su medio cultural interpretativo, el candelabro mágico. Hace años que estamos escuchando rumores del San Pedro, chismes, cuentos, historias, relatos.
Mi primer esqueje tenía regalo, varios días después de cortado, de un brote lateral eclosionó una maravillosa flor blanca, navegante de las nubes. Enorme como un Ekilore, y de aroma penetrante. Yo creo que fue un buen presagio. Gracias Huachumita.
Y pasaron cuatro años. Se dice pronto. Pero es el tiempo de la espera necesaria. Y cuando aparecen los signos del tiempo de la toma, aparecen los otros acompañantes necesarios, como las cohortes, compañeros de toma, Ronin Metsa, el canal de otros elementos, pues no viene solo “el Ronin”, nos trajo Mapachito, fueguito sagrado y muchas historias alegres.  Una vez juntos todos los elementos indispensables,  preparamos el Aguacoya.
Decididos  a entrar en comunión con Huachumita, elegimos el perímetro protector que  una vieja haya del bosque nos ofreció  para cubrirnos de la lluvia, del viento, del sereno de la noche y porque el árbol es un anfitrión acostumbrado a albergar personas bajo su ser. A la vera del camino oculto de los monjes de Arantzazu  y el cauce del río, seco a causa del verano. Que el agua esté o no esté visible no significa que su presencia no se perciba, la humedad ronda el entorno.  El cauce que tiene en el fondo vacío todo lo que siendo arrastrado quedó en alguna piedra adherido. Pero no para siempre. El agua promete siempre volver y toda detención es temporal.
Establecimos el Témenos o espacio sagrado alrededor de otro abuelito, el fuego, de una vieja hoguera que otros, no sabemos si explorers o no, había dejado hace mucho tiempo. Habíamos llegado al atardecer y recogimos la materia prima para alimentar al abuelito hasta que consideramos que había suficiente leña. También desplegamos nuestra presencia: tienda, mantas para colocar nuestros auxiliares y junto al árbol la botella con Huachuma.  Entre los auxiliares  disponíamos de agua, fruta, abuelito chocolate, mapachito, santa María y palo santo.
Llegado el momento empezamos  la ceremonia convocando al abuelito fuego, que no tardó en aparecer entre humo y chispas, y pidiendo mucho alimento. Empezó voraz al inicio y luego se apaciguó hasta quedarse satisfecho. Una vez  presente el fuego sagrado le toca en orden aparecer a Don mapacho, en polvo de rapé, que amablemente Ronin prepara y nos sacudimos la conciencia, el Ajna, directo al tercer ojo, para que nos acompañe y no echemos en falta alimento corporal y el señor sueño nos permita permanecer despiertos durante la experiencia completa. Seguidamente y sin dilación consumimos Huachumita, pulposo y adherente, tanto que para extraer el elixir era necesario incluso rumiarlo un rato. Interesante dato, rumiar es mascar muchas veces, sentir el sabor y que se pega al paladar. Pasarlo casi sin agua. Al parecer Huachuma pide pasar poco a poco. Yo no diría que es una experiencia desagradable, hay que pasarlo y hacerse a la idea sin más. Una vez ingerido volvimos a pedir ayuda a Mapacho, pero en forma fumada en cachimbo. Y a meditar para llamar la mareación. Ronin se sentó a esperar el ocaso del día en la manta y yo me dirigí a la orilla del árbol y me senté en un tronco a su orilla, mientras se abre camino Huachuma dentro ya. Reverbera en las tripas.
En determinado momento, ya cuando está todo desdibujado porque el ocaso está ocurriendo y el día se marcha, cuando la sombra está tomando el lugar de la definición, y el bosque se fusiona y deja ver mas claramente su aspecto colectivo, cuando el búho sale y llama al compañero y avisa que es la hora en la que los espíritus salen de sus hogares, los pájaros diurnos se han guardado, y los pequeños pasos se oyen entre las hojas, en ese instante se escuchó al fuego resoplar. ¿Será que fue Mezcalito el que lo sopló?  Parece ser que sopló alguna presencia y ayudó  a encender el fuego. Terminado el llamado a mareación nos acercamos al abuelito a calentarnos y a esperar el show de esa noche. Al acercarnos al fuego Ronin me pregunta: -¿Tú soplaste?  -No, ¿Por qué? -Me dice: -me soplaron varias veces muy fuerte, como hacen los curanderos, justo al lado mientras meditaba, y escuché al fuego mientras cómo se avivaba, ya me parecía que no eras tú-.
La segunda aparición fue bajo la forma de una centella color naranja que recorrió todo el lindero del bosque y bajo el manto de nubes que en ese momento de Oeste a Este, atravesaba nuestro horizonte visual.  Y no era una estrella fugaz ni un meteoro. Los bosques están poblados de seres y muchos seres humanos por descuido o por ignorancia o por simple negación no asumen que estamos completamente rodeados por las presencias. Pues aquella centella pasó dando pequeños saltos como cuando tiramos una piedra a ras de la superficie del agua y se va rebotando hasta que se hunde, pues igual aquella se fue dando botes por el cielo hasta que desapareció en la negrura de una nube.
Hasta ese momento aún estábamos en el estado ordinario del ser, pero ya empezábamos a notar en la conciencia y el cuerpo los primeros cambios, se presentó la música interior, el crujido del cuello, ligeros espasmos musculares, movimiento de tripas, náuseas leves, los acúfenos de los oídos, y sin querer se nos empezaron a escapar los primeros silbidos. Salen solos, ah, y el bostezo también, nuestro querido contagioso, se pasa de uno a otro y cuando vemos las cosas ya no son como antes, ahora ya todo ha cambiado, somos otros siendo el mismo. Ya estamos entonados. El bosque se mueve, y adquiere cierta luminosidad en las hojas, cierta definición, y además, se mueve, y no es el viento. Vemos el movimiento del árbol, y tanto se acerca como se aleja el temblor de las hojas. Hay cierta profundidad en la mirada de los ojos adaptados a la noche, pues todo es perfectamente discernible. No necesitamos luces auxiliares. Uno se entretiene un rato sintiendo el cambio, y maravillándonos cómo un tiempo antes la percepción es completamente diferente. Aunque también el entorno es propicio de transformarnos aún sin haber tomando nada. A esa hora y en ese lugar, el mundo es otro. Es la noche en el bosque antiguo, el reino de las Hayas. Y de las hadas. Suele ser el hogar de los pequeños fuegos fatuos, pequeñas luces fosforescentes que son como la avanzadilla, los pequeños curiosos, carajitos de bosque les llamo yo, traviesos, suelen asomarse y aparecer como una pequeña luz, débil al inicio, y luego rutilante, que se enciende cuando se toma conciencia de su presencia. Su travesura consiste en que se oculta cuando intentas tocarlo o enfocarlo con una luz artificial, el foco por ejemplo, vas y alumbras y te das cuenta que no hay nada, no es una luciérnaga, y no hay nada que pueda provocar esa luz verde fosforescente. Te alejas y de pronto, como tomándote el pelo, vuelve a encenderse. Suelen infundirme respeto, normalmente cuando me las encuentro, pues las evito. Carajitos de bosque.
No mucho después la luna llena hizo presencia desde el este, lenta fue apareciendo, poco a poco ocupando el espacio y alumbró el panorama estelar. Vino acompañada de unas nubes pero nosotros seguíamos con los árboles y su movimiento sedoso, y ahora estamos siendo testigos que intentan elevar sus ramas en un vaivén como si dentro de la marea del mar estuviésemos. Como si no fuesen árboles, más bien algas Kelp en su océano. Eso es lo que hace Huachuma, hace balancearse las cosas. Y los sonidos del bosque, o el silencio del bosque, alternando con el vaivén de las cosas y de nosotros.  ¿Y la luna? allá arriba. ¿Y el Sol? Bebiendo pozol.
No sé cuando Ronin empieza a silbar una melodía, ya la luna está cerca del cénit. Viene acompañada por montones de nubes que acuden a encontrarse con ella desde el  Oeste, y según va silbando, también son como la marea, empiezan a moverse a torcerse o a bailar alrededor del disco lunar, empiezan a adquirir formas quizás antropomorfas o zoomorfas o de figuras que no podemos describir, complejas, que recuerdan lo mismo a cosas figuradas que abstractas. Parecen diseños shipibos, los dos vemos lo mismo y Ronin bastante perplejo dice: - parece reaccionar al silbido. -¿Tú crees?- Ni él mismo cree lo que ve. Es demasiado fantástico y maravilloso. Debemos haber hecho algo muy bueno para merecernos esto. Y se van y aparecen otras, y si Ronin silba se vuelven a entonar con el ritmo. También les dejamos hacer solas, y no intervenimos. Es como si el show estuviera montado para nosotros. O justamente hemos sincronizado el mitote para la noche mágica de luna llena de verano. Las cosas se dan solas. O se dan si se tienen que dar y parece que acertamos con la fecha elegida. Y eso lo vamos a confirmar ahora. Sigamos.
La luna pasó y se ocultó entre el bosque dando paso a un cielo estrellado u ocupado por nubes. Entonces la atención se dirigió hacia un lindero del bosque y aparecieron sus seres. Distintos de los carajitos. Los que normalmente no se dejan ver y de los que hemos oído hablar solamente en las leyendas y el folklore. Primero, tímidamente se fue encendiendo una pequeña luz intensa con la potencia y luminosidad de una linterna, el brillo de una estrella, pero en la espesura del bosque. Luego de esta se desprendieron otras tres, un poco más pequeñas, rutilantes, constantemente enviando destellos, avanzaron desde dentro del bosque hacia los linderos pero se detuvieron en la orilla que coincide con el paso del camino de los humanos. No se acercaron más, solamente se hicieron notar. Decirnos: -Henos aquí. Venimos desde cualquier tiempo, jamás nos hemos marchado de nuestro hogar, no hemos desaparecido ni pertenecemos a un pasado mitológico. No somos producto del imaginario de vuestros ancestros. Hemos estado siempre en contacto y somos visibles en este plano existencial.
Pausa para darle a la fruta. Lo siento pero estas vivencias dan hambre a pesar que he guardado dieta por 4 días previamente y me he abstenido de sal, azúcar y sexo. Y darnos fuerza con mapachito. Hora de invitar a Santa María a nuestra compañía. Maravillosa. La cachimba de Ronin ya humea. Mapacho y María la divina.
Seguimos en el desvelo.  La luna ha pasado y nos ha dejado en la penumbra, no en la oscuridad. Hasta ahora todo el espectáculo ha estado orientado hacia lo estelar. Toca bajar a tierra. Desde el fondo del barranco hacia donde va el agua del río, se escucha una cierta reverberación. Parece el sonido de la voz humana. No es el viento y el silencio de la distancia que muy temprano nos traía el lejano tum tum de alguna verbena de pueblo. Es la reverberación del río, de otros seres que también tienen su mitote a la luz de la luna. Como en la noche de Walpurgis, me da la impresión de escuchar un coro que súbitamente calla. Y el revoloteo de algún ave nocturna entre las ramas o sobre nuestras cabezas que no se deje ver, sólo para oír. Y la pequeña polilla que temprano se posó en mi cabeza vuelve a aparecer. Sabes Ronin, cada vez que Huachuma se presenta,  es como con los niños santos (honguitos); tiene emisario. Cuando las oleadas de conocimiento nos abruman, yo escucho a un grillo. Esta noche el emisario es un grillo que cada vez que hace cric cric está llamando a la mareación. El emisario no es el mismo siempre, con los niños santos a veces es un gato, o una campana. El grillo, la polilla, la hoja que agita el viento, todos son emisarios.
Nos giramos completamente y dimos cara al bosque que todo el tiempo ha estado detrás de nosotros. Llamó nuestra atención simultáneamente. Al inicio el suelo del bosque y el karts que subyace bajo la hojarasca estaba oscuro, pero poco a poco adquirió cierta palidez, como si fuese iluminado por haces filtrados de los rayos de la luna. Pero la luna hace tiempo que el bosque se la tragó. Esa palidez se fue transformando en color. Fosforescente, luminiscente, adquiriendo consistencia de gelatina, como goteando y derramándose. Dentro de ese magma verde, se podían distinguir puntos de mayor luminosidad verdosa, y todo parece moverse. Ocupa un área bastante grande pero no todo el subsuelo, sino que son parches de grande porciones. El protoplasma del bosque, un ser colectivo. El fenómeno fue efímero. Apareció y desapareció súbitamente. Como si fuese tragado o lo hubieran dragado desde los agujeros de la roca calcárea, con sus simas, sumideros, desapareció de la misma manera que apareció.
Y vuelven los sonidos de las aves de la noche. El aleteo de ese pájaro que nunca llegamos a ver. ¿Sabes quién no se presentó esta noche Ronin, aunque se le oyó pasar a lo lejos bramando? Al venado. O corzo, que es su homólogo. Claro que tenía que dejar su impronta. La huella de su paso. Donde está Huachuma está el venado. Soltó un bramido que se parece al ladrido de un perro grande, sólo uno, y se fue.
Y el mundo vuelve a cambiar. Otra vez el relevo. Pájaros del amanecer. También despunta Venus, la estrella de la mañana que anticipa el día. Noche mágica de verano. Buenos días Ronin, buenos días Huachuma. Buenos días abuelito chocolate. Buenos días Sol. 

SOMA PAVAMANA · Preparation of the Soma

Sustitutos del soma.R.G.Wasson, Soma:Divine Mushroom of Inmortality  (New York Harcurt Brace Jovanovich),P.105 The following ...